miércoles, febrero 15, 2006

Calle Gonzalo Gallas



En la calle camareros alterados
por jóvenes impacientes,
vendedores ambulantes que descienden
de tierras ignotas y lejanas.
Cada dos bares
una fotocopiadora,
y en sus puertas estudiantes hambrientos
y zagales que pasan
de limpiar botas.
Para ellos la Universidad
no ha terminado todavía
su impecable labor
de dejar
las tiendas
y las calles
incompletas
y vacías.
De vez en cuando
atrevidos pájaros
resurgen de entre los olvidados
robles
y recogen
los restos de los pobres
aún más pobres
-que no se conforman
con las sobras
de otros hombres-
y de los hambrientos
tan solo de apetito.
Yo trato de pasar inadvertido
mientras me adueño
de un periódico
y corro
calle arriba
como un pequeño pájaro
sin nombre
que se escapa de sus vidas.